INTRODUCCIÓN

INTRODUCCIÓN:

Los elementos identitarios de los mexicanos son múltiples y abarcan un sinnúmero de valores tangibles e intangibles: costumbres, gastronomía, relaciones familiares, manifestaciones artísticas, para sólo mencionar unos cuantos aspectos. La antropóloga e investigadora Lourdes Arizpe destaca la fortaleza cultural de nuestro país y sus diversas transformaciones desde los orígenes hasta la actual globalización.

        En gran número de países del mundo la cultura y la identidad de los mexicanos es reconocida por su originalidad. Se forjó esta originalidad en el crisol de las altas culturas mesoamericanas y en el diálogo con una gran diversidad de culturas del mundo. A lo largo del siglo XX, la mexicanidad, como voluntad colectiva nacional, forma parte de la combinatoria tanto del nacionalismo como del cosmopolitismo de diversas fuentes políticas. Se ha comentado esta creatividad, tanto en México como entre los mexicanos que salen a vivir al extranjero. Lo expresa con acierto el poeta Michael Schmidt, mexicano galardonado con la Orden del Imperio Británico, al decir que "esa pluralidad internalizada es nuestro privilegio porque, ahí donde estemos, también estaremos en otro lugar; al mismo tiempo, es, quizá, nuestro mal, porque nos es difícil habitar por completo el momento”.

      Recordemos que México es el cuarto país del mundo en biodiversidad y, no por coincidencia, es también uno de los diez primeros en densidad cultural. Hasta hace diez años, era también uno de los diez principales en la producción de artesanías y en innovaciones museológicas y culturales.

      Por su peculiar situación geográfica, México es una nación megacultural que recibió la llegada de una gran diversidad de culturas de todos los puntos cardinales: del este de Asia, del oeste de Europa y del suroeste de África, por no mencionar las expediciones míticas mediterráneas, atlánticas y de Polinesia.La riqueza siguió floreciendo con las creaciones culturales posteriores al encuentro con los europeos, que incluyen culturas mestizas que se desbordan en música, danza, artesanías, patrimonio cultural de todo tipo y que han nutrido un arte de fama mundial.

      Sólo que ahora están cambiando a tal velocidad los soportes tecnológicos para la comunicación que cabe preguntar: ¿cómo se va a recrear, reinventar y difundir la cultura y la identidad de los mexicanos a través de los minimensajes de los celulares, el infinito de las redes sociales como el Facebook, los chispazos del Twitter y el mundo por descubrir del multimedia? ¿Cómo seguirá conviviendo esta nueva vibración tecnovirtual con el mundo clásico de los libros, las conversaciones largas, las tertulias que situaban a cada quien en cada lugar, las fiestas coloridas y el abrazo de las amistades y parientes?

       Ésta es hoy la frontera extrema que impone el planeta, a partir de la cual hay que hacer un camino de regreso para recrear la política y la cultura. Es decir, la relación con los demás y con nosotros mismos. El resultado es siempre el mismo: el conflicto y el ansia de destruir a quien piensa de diferente forma. En México en el momento actual, después de un clamor ingenuo en el sentido de que todo se reinventaría, no se ha hecho más que seguir con lo mismo, ahora disminuido, banalizando la memoria colectiva sobre el pasado y negando los logros culturales realizados a lo largo del siglo XX.

        Pero, sobre todo, haber impulsado políticas para hacer que el mercado asegurara las condiciones de vida y de despliegue de sus habilidades para conservar esa intensa producción imaginativa que creaba empleos y pequeñas empresas, nutría un imaginario colectivo y tejía una gran capacidad de convivencia. Ello sólo se podría lograr situando a México otra vez en los movimientos internacionales que mueven el mundo de la cultura.

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